#43. ¿Sabrías vivir sin tu jefe?

¡Hola✋!

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Índice

  • Lo que creo: ¿Sabrías vivir sin tu jefe?

  • Lo que me ha parecido interesante:  Startupxplore

  • Totum Revolutum: 1 podcast y 1 twit

  • Patrocinador:  El patrocinador de esta semana es Emprendemelón


🙍‍♂️Lo que creo: ¿Sabrías vivir sin tu jefe?

El proceso creativo para elaborar esta newsletter suele ser bastante simple. Escojo únicamente temas que me interesan y los comparto como me gustaría que me los explicaran a mi.

Pero simple no siempre es sinónimo de sencillo porque, muchas veces (muchas más de las que te puedes imaginar) una gran parte del proceso es convencerme de que el tema que he escogido, además de interesarme a mi, te interesará también a ti.

El tema de hoy es uno sobre el que llevo mucho tiempo queriendo escribir, pero que he ido posponiendo en favor de otros que intuía podían ser más mainstream.

Sin embargo, estos últimos días, he visto que varias cuentas de las que sigo en Twitter han hecho referencia al tema y eso ha bastado para convencerme de que merecía escribir sobre el tema de hoy.


Esta edición está patrocinada por:

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Uno de los estereotipos por excelencia del mundo laboral es que los empleados odian a sus jefes.

En el imaginario tradicional que configura el cliché, los jefes son déspotas; no tienen ni idea de lo que hacen; se aprovechan de sus subordinados y los usan como si fueran herramientas en lugar de personas.

Yo no niego que existan jefes así, pero la realidad que yo he vivido es otra muy diferente y por eso, quería compartir hoy contigo mi experiencia y mis ideas al respecto.

De hecho, aprovecho el tema para dedicarle esta edición a mi jefa, que está suscrita 😊

Vale. A ti no te gusta tu jefe/a pero, ¿sabrías trabajar sin él?

Para que exista un jefe/a, tiene que existir un subordinado/a. Si alguien no tiene equipo por debajo, da igual lo que diga su tarjeta, pero no es jefe. Podrá ser responsable de algo, pero no será jefe de nadie.

En la relación estándar entre jefe y subordinado, el primero es quién marca el paso del segundo: establece las prioridades, define los plazos, revisa el trabajo, eleva los temas a sus propios jefes, etc.

Y todo ello, con más o menos destreza y empatía; lo que impacta, directamente, en la sensación de satisfacción del subordinado con su jefe y con su rol.

Si eres de los que tiene una excelente relación con su jefe o jefa, me alegro mucho por ti, porque ayuda enormemente a centrarte en el trabajo y a disfrutar de él. Este es mi caso.

Si, en cambio, tu relación con tu jefe o jefa no es la ideal y vives suspirando por no tener jefe te pregunto… ¿has pensando alguna vez si realmente sabrías trabajar sin él?

Estoy convencido que has respondido que sí sin dudarlo pero, salvo que alguna vez hayas sido realmente autónomo, no tengo tan claro que seas realmente consciente de lo que supone vivir sin jefe.

Te cuento mi experiencia.

Durante casi dos años estuve trabajando en la empresa de mi familia donde me incorporé para liderar la transformación digital del negocio.

En la empresa no había nadie que tuviera ningún conocimiento sobre transformación digital y yo dependía directamente de mi padre, que tampoco sabía del tema y que, además, no podía dedicarme tiempo porque tenía que mantener la empresa funcionando mientras se ejecutaba la transformación.

Resultado: Durante esos dos años, en la práctica fui mi propio jefe y una de las cosas que más recuerdo (y que más llaman la atención a mis conocidos) es que echaba muchísimo de menos tener un jefe.

El día que no tienes jefe, te conviertes en absoluto responsable de tu trabajo en muchos sentidos:

  • Eres responsable de generar tu trabajo: Ya no hay nadie que te diga lo que tienes que hacer. Eres tú quién debe generar ideas que te permitan sacar adelante tus responsabilidades.

  • Eres quién marca las prioridades: Tu tiempo es limitado, así que tienes que decidir a qué vas a renunciar. Cada mañana, tendrás que decidir cuál es el tema más importante y/o prioritario y si te equivocas y escoges mal, la culpa es tuya y las consecuencias también.

  • No tienes a quién consultar dudas: si eres tu propio jefe, tu límite son tus propias capacidades. No tienes a nadie a quién preguntar ni con quién contrastar dudas o ideas. Si no sabes sobre algo, tendrás que aprenderlo por tu cuenta.

  • No recibes feedback: Una de las labores más enriquecedoras de un jefe es la posibilidad de ayudar a sus subordinados a crecer a través de la evaluación continua y la crítica constructiva. Pero, si no tienes jefe, recibirás el feedback directamente de tus clientes y, a lo mejor, ya es demasiado tarde.

A mi, personalmente, la suma de todo lo anterior me produjo una enorme sensación de soledad y me hizo darme cuenta del enorme valor que supone tener un buen jefe o buena jefa.

¿Y si el problema es que no sabes aprovechar a tu jefe?

El ser humano es poco dado a la autocrítica y el ámbito laboral no es una excepción.

Por ello, si no estás contento con tu jefe, lo más natural del mundo es que tiendas a pensar que la culpa de que vuestra relación no sea satisfactoria no sea tuya, sino de él o ella.

Pero la realidad que yo tengo a mi alrededor es que la mayoría de la gente no sabe aprovechar a sus jefes.

Te explico.

Pocos meses después de abandonar la empresa familiar, pasé al extremo opuesto y comencé a co-liderar un equipo de 100 personas.

Y, de esa etapa, una de la cosas que más me llamaban la atención (probablemente por el contraste con mi experiencia anterior) es que la gente no tiraba de mi para nada que estuviera más allá de las labores preestablecidas.

Podría contar con los dedos de las dos manos, las personas que me pidieron tener una conversación sobre algún tema cuyo objetivo principal fuera ayudarles a crecer.

Tengo que reconocer que, probablemente, yo podría haber hecho algo más de manera proactiva pero, con 100 personas, es materialmente imposible ser tú quién lidere esa relación con cada uno de ellos.

Te cuento esto porque, quizás también en tu caso, tengas un jefe que estaría encantado de ayudarte a avanzar, pero que no tiene tiempo de ser él o ella quién te lo proponga.

Por ello, te recomiendo que hagas las siguientes cosas para tratar de aprovechar al máximo a tu responsable:

  • Asegúrate de que sepa todo lo que eres capaz de hacer. Tu jefe/a te conoce por tu trabajo en X pero, si no se lo cuentas, difícilmente sabrá que también eres muy bueno en Y o Z. Provoca conversaciones que te den pie a hablar de tus intereses, tus experiencias pasadas y tus éxitos previos. Aprovecha cada ocasión que se presente para meter tu cuña.

  • Pide feedback proactivamente. Pregunta si lo estás haciendo bien y si hay algo en lo que podrías mejorar. Esto es una herramienta muy potente para identificar los gaps en tu desarrollo profesional. El día a día a veces impide sacar tiempo para esos análisis así que, la mejor manera de hacerlo, es que propongas a tu responsable tener reuniones periódicas de seguimiento (los famosos 1-2-1) en las que poder comentar los temas que lleves con él y aproveches para preguntar qué podrías haber hecho mejor.

  • Ofrécete para asumir nuevas responsabilidades. Quizás tu jefe piensa que tu carga de trabajo ya es demasiado alta y que no puedes asumir nada nuevo. Si no es el caso, házselo saber para que te tenga en cuenta para futuros proyectos. Díselo expresamente y si en un momento dado no hay un proyecto nuevo para ti, ofrécete a echar una mano en cualquiera de los que están en marcha.

  • Pide su apoyo (Sponsorship) para lanzar ideas. Si tienes una idea o un proyecto que te gustaría probar para ganar visibilidad, pídele ayuda para que te concedan los recursos que necesites. Tu jefe puede ayudarte a perfeccionar el planteamiento y/o el discurso para cuando quieras presentar tus ideas en foros superiores.

  • Reclama visibilidad. Si no lo hace ya de manera proactiva, coméntale que en el próximo comité, reunión de socios, pitch con inversores o comida con cliente te gustaría exponer a ti el tema.

Tus jefes directos (a lo largo de tu carrera) son una pieza fundamental en tu crecimiento profesional y, por ello, es un error dejar esa responsabilidad exclusivamente en sus manos. Tú debes hacer lo posible por exprimirlos al máximo

¿Sabrías evaluar la relación con tu jefe?

El tema de hoy ha dado para llenar bibliotecas y como Substack tiene longitud limitada para los correos, he tenido que escoger qué aspectos quería compartir contigo.

Repasando todo lo que se me iba a quedar fuera, he decidido que lo que no quería dejar de compartirte un framework sencillo para que puedas evaluar (según mis criterios) cómo de bueno es tu jefe para ti. Y que, en caso de que no sea lo suficientemente bueno, puedas hacer como Pablo.

El framework que he diseñado es una estructura de 3 niveles:

Mínimo: Desde mi punto de vista, los principios que deben regir cualquier relación profesional sana son dos:

  • Respeto personal.

  • Respeto profesional.

Si tu superior no te trata con respeto a todos los niveles y en todas las situaciones, debes buscar una alternativa de manera inmediata. Si, en cambio, la relación que tenéis es de respeto, pero nada más, la decisión es tuya; pero probablemente puedas encontrar un jefe mejor para ti.

Deseable: Un jefe deseable es aquel con quien, además de cumplir con los principios del nivel mínimo, se den los siguientes:

  • Confianza

  • Compañerismo

  • Retroalimentación

Un buen jefe o jefa debe crear una relación de confianza para que sus subordinados se sientan en un entorno de confianza en el que puedan expresarse con sinceridad sobre lo bueno y lo malo de su puesto, de su empresa o incluso, sobre temas personales que pueda afectarles en el trabajo.

Aunque las relaciones sean verticales, un jefe debe ser siempre y en primer lugar un compañero. Alguien con empatía para entender las necesidades y preocupaciones de un subordinado y que, cuando sea necesario, sea capaz de remangarse la camisa para sacar juntos el trabajo.

Y por último, como te comentaba antes, considero ideal contar con un jefe que esté preocupado por tu mejora continua a través del feedback. Que dedique tiempo a sentarse contigo y de manera constructiva, comente contigo tus puntos fuertes y tus áreas de mejora.

Es decir, lo que deberías tratar de evitar es lo que le sucede por ejemplo, a mi amigo PapaFire con su jefe actual

Superior: Y si queremos configurar un jefe cuasi-perfecto, a todo lo anterior, podemos sumarle un principio adicional:

  • Generosidad

Y me refiero a la generosidad en sentido amplio. Alguien que esté dispuesto a renunciar a cualquier aspecto que le corresponda para dártelo a ti.

A veces, ese aspecto será tiempo que, pudiendo dedicarlo a otros temas, lo dedique a formarte o aconsejarte.

En otras ocasiones será visibilidad, creando oportunidades en las que puedas lucirte frente al resto del equipo, los clientes o incluso los medios de comunicación.

Y en otras, ese aspecto al que puede renunciar tu jefe en tu favor será el reconocimiento, haciendo saber a todo el mundo lo valioso de tu aportación para el éxito de un proyecto determinado.

¿Y tú? ¿Qué consideras que debe tener el jefe o jefa perfecto? Estoy encantado de escuchar vuestras opiniones y experiencias (aquí o en Twitter) para poder debatir y seguir aprendiendo juntos.


⭐Lo que me ha parecido interesante

¡¡Por fin puedo compartir contigo esto que llevo semanas guardándome!!

He llegado a un acuerdo con Startuxplore y desde la próxima semana, esta newsletter incluirá una nueva sección en la que, en cada edición, os presentaremos una nueva oportunidad de inversión en startups.

Este acuerdo me hace especial ilusión, por un lado, por lo que supone para mí que una plataforma tan importante confíe en esta newsletter para una acción como esta y, por otro lado, porque creo que este es un contenido de altísimo valor para ti como suscriptor.

Cada oportunidad de inversión de startupxplore pasa por un riguroso proceso de selección y están analizadas y curadas por su equipo de expertos porque, como dice su CEO, Nacho Ormeño:

“Construir un portfolio balanceado de inversiones en compañías de alta calidad y potencial no debe ser algo al alcance de sólo unos pocos”


🌀Totum revolutum

  • Voy bastante retrasado con los podcast y quizás este ya lo hayas escuchado, pero me ha gustado mucho la historia de Clara Fernández sobre como transformó un negocio familiar totalmente analógico en un negocio digital.


Y hasta aquí todo por hoy.

Si te ha gustado esta edición, no te vayas sin hacérmelo saber con un ❤️ y sin compartirla con tus amigos y conocidos.

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Nos vemos en 7 días.

Un abrazo.

Álvaro